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Santo Estevo do Ermo revela su historia

Desde que la Irmandade Santo Estevo comenzó su andadura con su programa dirigido a la investigación, promoción y protección de Santo Estevo do Ermo este conjunto histórico-turístico y religioso está recuperando su puesta en valor y despertando el interés de las administraciones por la revitalización y conservación de sus espacios. La tenaz y perseverante labor de este colectivo está dando sus frutos. En el corto recorrido de su existencia ha sido capaz de promover actuaciones importantes, tales como la declaración de Espacio Natural Protegido por parte de la Xunta de Galicia y la limpieza y desbroce del espacio ocupado en tiempos pasados por la primitiva capilla y el viejo cementerio en donde yacen los restos mortales de las pasadas generaciones de vecinos de San Cosme.

Fruto del trabajo de desbroce y limpieza del espacio adyacente a la ermita actual, en la ladera del monte, son los vestigios descubiertos de los antiguos edificios que albergaban la primitiva capilla, la casa del ermitaño, los cierres del cementerio y otros restos aún no identificados. Un descubrimiento extraordinario que requiere, sin duda, la intervención de un arqueólogo para su fiel catalogación. Objetivos estos que, junto con la adquisición de la propiedad de ese espacio anteriormente expropiado por la desamortización de Mendizabal, constituirán el futuro trabajo de la citada Irmandade para conservar y poner en valor así los hechos que nos relata la historia de este antiguo centro espiritual barreirense.

Se sabe por los antiguos documentos que se refieren a la primitiva capilla, del siglo IX, que estaba situada más arriba de la actual, junto a una gran peña, asentada en un suelo de roca muy desnivelado. Era tal el estado de ruina y abandono en que se hallaba que, en el año 1758, el obispo Carlos Antonio Riomol y Quiroga ordenó proceder a su demolición. Ante esta decisión, el Cabildo de la Iglesia Catedral de Mondoñedo, propietario de la capilla y recaudador de la mitad de sus rentas, facultó al cura de esta feligresía, Francisco Javier de Soto, para poder contratar “una nueva Capilla y Santuario mudándolo abaxo de la cuesta en que se halla”. Y, en efecto, el día 29 de agosto del año 1765 se procedió a la contratación ante notario de esta obra a Juan de Fraga y a Francisco de Outeiro, maestros de mampostería, arquitectura y carpintería y vecinos de las feligresías de Cillero de Mariñaos y de Villaronte, respectivamente. Ascendió la contratación a la suma de 2.500 reales, con la condición de poder utilizar todos los materiales de la vieja capilla y demás edificios. Fue así como tuvo lugar la desaparición de las paredes de la vieja capilla y su cementerio, centro religioso en torno al cual se congregaba la pequeña comunidad asentada en el territorio de San Cosme de Barreiros pues “allí recibían los feligreses los oficios divinos y allí se enterraban”. Sus piedras se emplearon en la construcción del nuevo edificio, en una planicie más abajo de la anterior, que sigue congregando hoy a los devotos de Santo Estevo en la romería anual que allí se celebra.

José María Rodríguez.

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